Octubre 2011, N° 17

El mes de noviembre empieza su recorrido con dos tradiciones religiosas cristianas, el 1° se celebra el día de todos los santos y el 2° día dedicado a las ánimas o los muertos, para el segundo día hay una costumbre muy arraigada de visitar los cementerios, hace pocos años ante la tumba de mis abuelos me puse a meditar sobre este asunto, y de allí salió el escrito que quiero compartir con todos ustedes. Nadie escapa de tener algún familiar bajo la tierra, y la meditación casi como una VIVENCIA se refiere a los abuelos y nietos.
Octubre 2011, N° 17
El abuelo que se
mira, el abuelo que se es
Dedicado
a la memoria de mis abuelos, y como un regalito para mis nietos
Tuve
la fortuna de conocer 3 abuelos, 2 paternos y 1 materno.
Los
padres de mi padre que vivían en una casa inmensamente grande, eran 2 viejitos
a quienes apenas rememoro, la abuela murió cuando apenas era un niño todavía
con poca memoria que me permitiera guardar pasajes de aquellos momentos, al
abuelo lo vi un poco mas. Ambos se cuidaban mucho de las corrientes de aire,
siempre pedían que cerraran la puerta para que no entrara corrientes de aire
frío, a las hendijas de las puertas de madera les colocaban con engrudo papel
de periódicos viejos para que no pasara el viento, era como un seguro para
prevenir un resfriado. En relación a esto hay un dicho que repetían con
frecuencia al dejar la puerta abierta, “muchachito, rabo largo, cierre la
puerta”. Los abuelitos comían muy poquito, muchas comidas les hacían daño, no
las toleraban. Les molestaba el ruido y la bulla propia de los niños, y lo difícil
que era entender estas cosas, era casi imposible atender las reprimendas y
hasta ruegos para que nos quedáramos quietos y en silencio.
Muy
poco recuerdo de cuando murió mi abuela paterna, era muy pequeño. Al abuelo si
lo pude ver por mayor tiempo, de vez en
cuando obsequiaba algún caramelito, él consuetudinariamente sentado en una
sillita de madera y asiento de cuero,
desde esa posición observaba, vigilaba, parecía no querer perder ningún
detalle, era muy celosos con los bienes de la casa y los frutos que allí se producían; como
todo muchachos hacíamos travesuras, una de ellas era perforar los costales de
café que esperaban en pares, uno arriba de otro, para ser cargados, en una
enjalma que sobre los lomos de una mula, esperaba en la calle con una maruza
comiendo maíz entero para tomar mayor fuerza y ser transportados para su venta;
los granitos de café se salían por los agujeros, era como retar la vigilancia
silenciosa del viejito, el abuelo se molestaba, y nos recriminaba con fuerza,
pero en medio del juego respetábamos aquel ancianito, que se movía cambiando la
silla para poder estar donde había actividad, donde estaba la gente. El abuelo
era muy cauteloso, siempre nos pedía que nos cuidáramos, -los ojos de la
experiencia con debilitada visión siempre ven mas lejos que los de un niño-.
El agua pura es como la vida, viene y sigue...
Cuando
el abuelo podía despedir 2 arreos de mulas cargadas, cada una con 200 libras de café, 2
quintales, en aquellos tiempos que no había carreteras, tampoco vehículos
pudiera suponer que equivaldría hoy día a cargar 2 camiones de cosecha.
Cuando
el abuelo murió a una pregunta de mi padre si quería ver o no ver, el cadáver
que estaba en una urna en la sala de la
casa , le dije que sí, esa fue la primera vez que me acerque a
un ataúd y vi al abuelo pálido, inmóvil, me sorprendió mucho, pero guardé
silencio, pasó mucho tiempo para comentar estas cosas.
La
abuela materna la disfruté por mucho tiempo, siempre linda, dulce y tierna
abuelita, muy consentidora, sus palabras eran miel, siempre llamaba en
diminutivo, Germancito, chumenejito, matica de tinajero; ya ustedes saben lo
pequeña que es una planta que crece en la tinaja de un tinajero, era o es tan
mínima que por si sola es un diminutivo. Sus arrullos, defensas, cuidados y
protección eran su paradigma, tenía muchos nietos pero me sentía como su
preferido, que abuelita tierna y bella.
En
una oportunidad me contó que cuando se bañaba por primera vez en una regadera
con agua caliente, me dijo, el agua quemaba, muy caliente, nadie le dijo que
abriendo el agua fría se podía tibiar el agua.
Aquellos
tiempos entre los abuelos que nunca olvido, tenía abuelos para mirar, para
vivir, para querer, para preguntar, pero a pesar de todos estaban lejos, en
aquella edad la inocencia poco permitía valorar.
Las flores como la vida crece con la luz el agua y la tierra
La
época de mis abuelos, por allá en los años 1940 – 1960, la existencia comparada
con la de hoy día era apenas en blanco y negro, poco para ver, no había mucho
brillo para las creaciones del hombre, apenas unos caminos para recuas, unos
puentecitos de madera por los que podíamos pasar a pie o a duras penas una mula
o burrito, una casa grande con un inmenso patio de ladrillo, una bodeguita, hoy
las cosas son diferentes, antes era el prodigio de la naturaleza la obra del
Señor, tal vez ya acostumbrados a los mismo no la apreciábamos en toda su
dimensión. En estos días hay tantas cosas que nos deslumbran, el hombre a
puesto caminar un modernismo, un desarrollo que cada día avanza, y lo novedoso
del año pasado ya pasó de moda, hay aviones, naves espaciales, barcos
trasatlánticos, autopistas, grandes edificios y puentes, obras de ingeniería
que a diario nos deslumbran, grandes centros comerciales, es casi como afirmar
que el mundo de hoy es a todo color.
Los
colores de los abuelos eran en su mayoría grises, negros y beige, sus vestidos
no eran atrevidos ni en colores ni en la forma, había un recato, el pudor era
para todo y todos.
Ahora
cuando soy abuelo puedo decir que nada tan grande como mis abuelos, nos
regalaron con su ejemplo los mejores modos para vivir, nos señalaron el camino
recto de la vida, el respeto, la moderación, la admiración y tantas costumbres
que al final son la personalidad que sembraban nuestros padres pero que
afirmaban los abuelos. Pero cuantos parecidos, ahora a esta edad, el abuelo que
se es, con frecuencia siente mucho frío, otras cobijas en la noche, hay que
permanecer mucho tiempo sentado porque las piernas no tienen fuerza como antes,
se impone la quietud. Ahora la dieta en
la comida es permanente, la ciencia que todo lo domina y se impone como
beneficio universal, nos indica que hay que comer muchos frutos, -la dieta de
los pajaritos-, muchas ensaladas, alimentos muy distintos a los tiempos
pretéritos de la época de los abuelos, en aquellos tiempos era muy raro el
consumo de ensaladas o frutas, poco las tomaban en cuenta y menos para los
mayores, en el presente hay que procurarse el consumo de alimentos integrales,
poca azúcar, grasas o aceites, poca sal y mas reciente los productos de origen
orgánico, en resumen comer poco, no se debe engordar. Hay que cuidarse al salir
a la calle, puede venir un resfriado, una caída, ahora comprendo que tantos
peligros para los niños también lo son para los abuelos, a mas de unos 50 años
de distancia, la vida no es igual, hay pocas similitudes, antes eran las mulas,
los caballos, los carritos con laticas de sardinas. Ahora son los carros 4 por
4, camionetotas, laptop, GPS, carritos a
control remoto, teléfonos celulares, cien canales de TV, cine, paseos a Disney
World y no se cuantas cosas mas, todas novedosas y estimulantes y hasta
peligrosas para los nietos.
Todos
los nietos quieren y sienten predilección por los abuelos, hay una mutua
correlación y comprensión, el niño se siente protegido y mimado por los
abuelitos, y los abuelitos parecen contagiarse o al menos lo intentan revitalizarse
con su inocencia, sinceridad, sonrisas, vitalidad y ternura, es parte de la
sabiduría natural de los misterios de la existencia humana, que sabe del
contagio de lo bueno. Hay que decir, que el tiempo o mejor el transcurrir del
tiempo, que parece que todo lo puede, como que se hace cómplice de la soledad
que sigue creciendo con los años y que se hace casi total en las sepulturas,
donde vamos a parar los humanos, hasta allá vuelan los recuerdos de los
abuelos, allí se encuentran con el olvido, consiguen como compañero a la
eternidad, cuyas cuentas matemáticas o tal vez cibernéticas sólo el Señor
comprende, porque convierte los años, los días, en segundos o fracciones, y así los recuerdos de los
abuelos terminan por extraviarse a los hombres y quedan solos en manos del
creador, vuelven a su origen de donde salieron.
Las
cosas seguirán cambiando en un progreso casi infinito, pero el amor que es un
regalo de Dios para la humanidad, siempre será igual, la ternura de los niños y
abuelos se acerca, también hay grados de ingenuidad parecidos, hay necesidades
muy cercanas.
Gracias
al Señor por mis nietos, por poder pasar de niño a abuelo, y por poder escribir
estas cosas.
Germán
Monzón Salas, 11/11/2007



Tio que hermoso fue trasladarme con tu escrito a lo que fue la vida de mis vis abuelos, en esa hermosa y gran casa que todos hemos disfrutado; esto me permite mirar atrás y decir si a mis antepasados porque allí pertenezco, de seguro que eres y estás disfrutando de ser un gran y cariñoso abuelito.
ResponderEliminarTQM
Que hermoso escrito tio, me permitió trasladarme a esa época que aunque no la viví pude visualizar a esos dos viejitos de los cuales también vengo y a los cuales honro y tienen un lugar muy especial en mi corazón. Gracias por compartir tus vivencias y darnos esa ventanita al pasado que es parte de nuestra esencia.
ResponderEliminarBendición