jueves, 27 de octubre de 2011

Blog N° 17 --El abuelo que se mira, el abuelo que se es--


Octubre 2011, N° 17

 
El mes de noviembre empieza su recorrido con dos tradiciones religiosas cristianas, el 1° se celebra el día de todos los santos y el 2° día dedicado a las ánimas o los muertos, para el segundo día hay una  costumbre muy arraigada de visitar los cementerios, hace pocos años ante la tumba de mis abuelos me puse a meditar sobre este asunto, y de allí salió el escrito que quiero compartir con todos ustedes. Nadie escapa de tener algún familiar bajo la tierra, y la meditación casi como una VIVENCIA se refiere a los abuelos y nietos.

Octubre 2011, N° 17


El abuelo que se mira, el abuelo que se es

Dedicado a la memoria de mis abuelos, y como un regalito para mis nietos

Vela-LUZ- a ls santos y difuntos

Tuve la fortuna de conocer 3 abuelos, 2 paternos y 1 materno.
Los padres de mi padre que vivían en una casa inmensamente grande, eran 2 viejitos a quienes apenas rememoro, la abuela murió cuando apenas era un niño todavía con poca memoria que me permitiera guardar pasajes de aquellos momentos, al abuelo lo vi un poco mas. Ambos se cuidaban mucho de las corrientes de aire, siempre pedían que cerraran la puerta para que no entrara corrientes de aire frío, a las hendijas de las puertas de madera les colocaban con engrudo papel de periódicos viejos para que no pasara el viento, era como un seguro para prevenir un resfriado. En relación a esto hay un dicho que repetían con frecuencia al dejar la puerta abierta, “muchachito, rabo largo, cierre la puerta”. Los abuelitos comían muy poquito, muchas comidas les hacían daño, no las toleraban. Les molestaba el ruido y la bulla propia de los niños, y lo difícil que era entender estas cosas, era casi imposible atender las reprimendas y hasta ruegos para que nos quedáramos quietos y en silencio.

Muy poco recuerdo de cuando murió mi abuela paterna, era muy pequeño. Al abuelo si lo pude ver por mayor tiempo, de vez  en cuando obsequiaba algún caramelito, él consuetudinariamente sentado en una sillita  de madera y asiento de cuero, desde esa posición observaba, vigilaba, parecía no querer perder ningún detalle, era muy celosos con los bienes de la casa y los frutos que allí se producían; como todo muchachos hacíamos travesuras, una de ellas era perforar los costales de café que esperaban en pares, uno arriba de otro, para ser cargados, en una enjalma que sobre los lomos de una mula, esperaba en la calle con una maruza comiendo maíz entero para tomar mayor fuerza y ser transportados para su venta; los granitos de café se salían por los agujeros, era como retar la vigilancia silenciosa del viejito, el abuelo se molestaba, y nos recriminaba con fuerza, pero en medio del juego respetábamos aquel ancianito, que se movía cambiando la silla para poder estar donde había actividad, donde estaba la gente. El abuelo era muy cauteloso, siempre nos pedía que nos cuidáramos, -los ojos de la experiencia con debilitada visión siempre ven mas lejos que los de un niño-.


El agua pura es como la vida, viene y sigue...

Cuando el abuelo podía despedir 2 arreos de mulas cargadas, cada una con 200 libras de café, 2 quintales, en aquellos tiempos que no había carreteras, tampoco vehículos pudiera suponer que equivaldría hoy día a cargar 2 camiones de cosecha.
Cuando el abuelo murió a una pregunta de mi padre si quería ver o no ver, el cadáver que estaba en una urna en la sala de la casa, le dije que sí, esa fue la primera vez que me acerque a un ataúd y vi al abuelo pálido, inmóvil, me sorprendió mucho, pero guardé silencio, pasó mucho tiempo para comentar estas cosas.

La abuela materna la disfruté por mucho tiempo, siempre linda, dulce y tierna abuelita, muy consentidora, sus palabras eran miel, siempre llamaba en diminutivo, Germancito, chumenejito, matica de tinajero; ya ustedes saben lo pequeña que es una planta que crece en la tinaja de un tinajero, era o es tan mínima que por si sola es un diminutivo. Sus arrullos, defensas, cuidados y protección eran su paradigma, tenía muchos nietos pero me sentía como su preferido, que abuelita tierna y bella.
En una oportunidad me contó que cuando se bañaba por primera vez en una regadera con agua caliente, me dijo, el agua quemaba, muy caliente, nadie le dijo que abriendo el agua fría se podía tibiar el agua.
Aquellos tiempos entre los abuelos que nunca olvido, tenía abuelos para mirar, para vivir, para querer, para preguntar, pero a pesar de todos estaban lejos, en aquella edad la inocencia poco permitía valorar.

Las flores como la vida crece con la luz el agua y la tierra


La época de mis abuelos, por allá en los años 1940 – 1960, la existencia comparada con la de hoy día era apenas en blanco y negro, poco para ver, no había mucho brillo para las creaciones del hombre, apenas unos caminos para recuas, unos puentecitos de madera por los que podíamos pasar a pie o a duras penas una mula o burrito, una casa grande con un inmenso patio de ladrillo, una bodeguita, hoy las cosas son diferentes, antes era el prodigio de la naturaleza la obra del Señor, tal vez ya acostumbrados a los mismo no la apreciábamos en toda su dimensión. En estos días hay tantas cosas que nos deslumbran, el hombre a puesto caminar un modernismo, un desarrollo que cada día avanza, y lo novedoso del año pasado ya pasó de moda, hay aviones, naves espaciales, barcos trasatlánticos, autopistas, grandes edificios y puentes, obras de ingeniería que a diario nos deslumbran, grandes centros comerciales, es casi como afirmar que el mundo de hoy es a todo color.

Los colores de los abuelos eran en su mayoría grises, negros y beige, sus vestidos no eran atrevidos ni en colores ni en la forma, había un recato, el pudor era para todo y todos.
Ahora cuando soy abuelo puedo decir que nada tan grande como mis abuelos, nos regalaron con su ejemplo los mejores modos para vivir, nos señalaron el camino recto de la vida, el respeto, la moderación, la admiración y tantas costumbres que al final son la personalidad que sembraban nuestros padres pero que afirmaban los abuelos. Pero cuantos parecidos, ahora a esta edad, el abuelo que se es, con frecuencia siente mucho frío, otras cobijas en la noche, hay que permanecer mucho tiempo sentado porque las piernas no tienen fuerza como antes, se impone la quietud. Ahora la dieta en  la comida es permanente, la ciencia que todo lo domina y se impone como beneficio universal, nos indica que hay que comer muchos frutos, -la dieta de los pajaritos-, muchas ensaladas, alimentos muy distintos a los tiempos pretéritos de la época de los abuelos, en aquellos tiempos era muy raro el consumo de ensaladas o frutas, poco las tomaban en cuenta y menos para los mayores, en el presente hay que procurarse el consumo de alimentos integrales, poca azúcar, grasas o aceites, poca sal y mas reciente los productos de origen orgánico, en resumen comer poco, no se debe engordar. Hay que cuidarse al salir a la calle, puede venir un resfriado, una caída, ahora comprendo que tantos peligros para los niños también lo son para los abuelos, a mas de unos 50 años de distancia, la vida no es igual, hay pocas similitudes, antes eran las mulas, los caballos, los carritos con laticas de sardinas. Ahora son los carros 4 por 4, camionetotas, laptop, GPS,  carritos a control remoto, teléfonos celulares, cien canales de TV, cine, paseos a Disney World y no se cuantas cosas mas, todas novedosas y estimulantes y hasta peligrosas para los nietos.

Todos los nietos quieren y sienten predilección por los abuelos, hay una mutua correlación y comprensión, el niño se siente protegido y mimado por los abuelitos, y los abuelitos parecen contagiarse o al menos lo intentan revitalizarse con su inocencia, sinceridad, sonrisas, vitalidad y ternura, es parte de la sabiduría natural de los misterios de la existencia humana, que sabe del contagio de lo bueno. Hay que decir, que el tiempo o mejor el transcurrir del tiempo, que parece que todo lo puede, como que se hace cómplice de la soledad que sigue creciendo con los años y que se hace casi total en las sepulturas, donde vamos a parar los humanos, hasta allá vuelan los recuerdos de los abuelos, allí se encuentran con el olvido, consiguen como compañero a la eternidad, cuyas cuentas matemáticas o tal vez cibernéticas sólo el Señor comprende, porque convierte los años, los días, en segundos  o fracciones, y así los recuerdos de los abuelos terminan por extraviarse a los hombres y quedan solos en manos del creador, vuelven a su origen de donde salieron.

Las cosas seguirán cambiando en un progreso casi infinito, pero el amor que es un regalo de Dios para la humanidad, siempre será igual, la ternura de los niños y abuelos se acerca, también hay grados de ingenuidad parecidos, hay necesidades muy cercanas.
Gracias al Señor por mis nietos, por poder pasar de niño a abuelo, y por poder escribir estas cosas.

Germán Monzón Salas, 11/11/2007



2 comentarios:

  1. Tio que hermoso fue trasladarme con tu escrito a lo que fue la vida de mis vis abuelos, en esa hermosa y gran casa que todos hemos disfrutado; esto me permite mirar atrás y decir si a mis antepasados porque allí pertenezco, de seguro que eres y estás disfrutando de ser un gran y cariñoso abuelito.
    TQM

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  2. Que hermoso escrito tio, me permitió trasladarme a esa época que aunque no la viví pude visualizar a esos dos viejitos de los cuales también vengo y a los cuales honro y tienen un lugar muy especial en mi corazón. Gracias por compartir tus vivencias y darnos esa ventanita al pasado que es parte de nuestra esencia.
    Bendición

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