Los invito a un paseo por el Páramo de los Conejos, al caserío
Las González, lugar que se ubica detrás de la denominada
Cara del Indio, mirando hacia el norte de la ciudad
de Mérida, conozca lo que hay en ese lugar, su gente
y un poco de su historia.
Octubre 2011 N° 13
En compañía de una familia típica del lugar
Caserío
Las González
Desde la meseta Tatuy, donde esta ubicada la ciudad de Mérida,
todos alguna vez hemos divisado a lo lejos, hacia el norte, una mole ígnea, que
forman unas inmensas rocas, con silueta que se identifican con la cara del
indio, esas piedras son famosas por su peculiar figura, por su inmenso tamaño,
por su imponencia, porque parecen sostenidas del aire, porque en sus
alrededores alguna vez ha habido algún o algunos aventureros extraviados. Tal
vez muchos nos preguntamos que existe en la parte de atrás de ese símbolo de la
cara del indio; habiendo visitado el lugar el 2 de marzo de 2007, puedo decir
que sorprende lo que existe en ese distante, empinado y lejano lugar,
interpreto que lo que allí hay es como el cuerpo, o mejor como el espíritu del
indio, el espíritu de la raza andina merideña, la serranía da luz a la vista
con un majestuoso valle, rodeado por la parte norte muy cerca la serranía del
pico del campanario, y entre esta pétrea formación y la cara del indio, que se
corresponde con la sierra de la culata, la naturaleza deja un espacio
impresionante, la orografía pinta una naturaleza de paz, del mayor esplendor.
En el centro del valle se observan el inicio del río Las González
Desde la culata ubicada hacia el este bajan las aguas de las González, muy
cerca desprendido del lado del campanario, casi como del cielo las aguas de la
quebrada el campanario, esas tierras escondidas en un gélido silencio, que
tiene por techo la bóveda del cielo, en azul intenso y bonito, ese peculiar
espacio confiesa la presencia del Señor, el lugar llena los visitantes de una
fuerza espiritual, que mueve las fibras del corazón, los sentimientos humanos,
y nos hace meditar sobre lo grandioso, bello y perfecto de su obra. Cautiva la
presencia de sus habitantes, que nos recibieron y contaron de manera sencilla,
con sus recuerdos, que en ese paraje hay unas 30 viviendas, con unas 70
personas, con una escuela que tiene casi 30 niños que estudian desde el kinder
a sexto grado, la escuela data de unos doce años, también al lado un
dispensario que espera su inauguración.
En esta fotografía se observa la escuela y otras
edificaciones de servicios sociales
Los primeros pobladores parecen haber llegado hace unos 120 años,
Andrés Quintero, Ignacio y Pedro Rojo son alguno de ellos, cuentan que
recuerdan en las veladas a uno que vivía con dos mujeres, la gente lo
consideraba muy vanidoso, no hacía nada, salvo discurrir el tiempo con sus
compañeras. Los primeros habitantes subieron desde Manzano Alto, por una
empinada cuesta, de múltiples curvas regresivas para suavizar un tanto la
pendiente, en ese camino para recuas al mirar hacia atrás quedaba el vacío de
la altura y la lejanía del paisaje y sus anteriores vivencias, hoy todo ha
cobrado fuerza y vida y los moradores siembran papas, cuidan algunas vacas,
cabras que prosperan muy bien pero que molestan a los vecinos porque se comen
las sementeras, hay gallinas, gansos, algunas casas tienen estanques de truchas, también cultivan zanahorias, cebollas
y otros rubros hortícolas. Hay conejos silvestres los cuales cazan para comer;
recordemos que toda esta área se denomina Páramo de los Conejos. Bajando hacia
Las Quebraditas, como existe un inmenso espacio de extensos potreros, con
pastos muy pobres, pastorean libremente bovinos que aumentan el número de
animales, de los habitantes de Las González.
La escuela tiene servicio de comedor para los alumnos, recuerdan a
su primera maestra Lourdes, que estuvo unos 4 años, luego Katerin como interina
y después el actual maestro Homero Sánchez, que ya tiene unos diez años y la
comunidad lo aprecia y quiere como extraordinario y servicial promotor social.
Jaime Quintero también es maestro y transita esos parajes en una motocicleta.
Vivienda típica del lugar
Bajando desde el caserío hasta Manzano Alto demoran unas 3 horas
quedando adoloridas las rodillas por la bajada, en sentido contrario, subiendo,
la cuesta coloca al tiempo en unas 5 horas. Una mula, un taxi mular vale Bs.
50.000 desde Manzano hasta el caserío y hacia arriba también demora unas 5
horas.
Para subir a ese lugar utilizamos una carretera que se construye
desde hace unos 15 años, se inició de manera privada por la tenacidad de un
abogado y Guardia Nacional Useche, la misma comienza en la vía Las Cruces a Piedra Blanca,
donde hay un desvío que sigue a La Centella, Las Quebraditas, Hato de Los
Briceño, páramo, hasta arribar a Las González, recorriendo unos 18 kilómetros , en
unas 2 y media horas. Cuando los habitantes de Las González vieron la
oportunidad de tener carretera empezaron a trabajar hacia abajo habiendo
construido a pico y pala unos 6
Km . de la actual vía. Desde hace unos 6 años una máquina
del gobierno intenta terminar la carretera, pero es mas el tiempo que ha pasado
accidentada que trabajando, la encontramos en una curva parada porque no sirve.
Homero Sánchez educa a los niños del lugar y continúa luchando por
las necesidades de esa comunidad, con un vehículo de su propiedad fue el primer
carro en interrumpir el silencio paramero, y poner en algo un tono de velocidad
a la existencia de ese recóndito lugar.
Es admirable el esfuerzo de sus habitantes por laborar en ese
escondido rincón, por terminar y mejorar la carretera, en cayapa ayudan a
empedrar, tapar huecos, para hacer la vía transitable, hoy día es un riesgo ir
por ese lugar, por eso es una imperiosa necesidad que la autoridad competente
ponga su esfuerzo para concluir las infraestructuras que en justicia hay que
ayudar para terminar.
También les ofrecieron la electricidad, desde La Centella, los
postes y aisladores ya tienen recorrida mas de la mitad del trayecto, dicen que
ahora Imparques argumenta que esa área por pertenecer al Monumento Natural
Chorrera de las González no puede recibir ese adelanto, nadie entiende como el
estado se prohíbe a si mismo, la obra de electrificación ya empezada y la
pésima carretera hay que terminarlas, de lo contrario el cielo reclamará
justicia para sus pobladores, los cuales siguen trabajando para sobrevivir, varias
casas tiene pequeñas plantas eléctricas, y muchos de sus habitantes teléfonos celulares.
Doy gracias al Señor por la especial recompensa de poder visitar a
esa comarca, también a los compañeros de viaje, a Germán Monzón M. que condujo
con maestría la pick up Toyota que nos llevó hasta el lugar, a Jorge Ortíz y
Edgar Echeverría compañeros de aventura.
Germán Monzón Salas
Mérida, 4 de Marzo de 2007





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